La conservación del Parc Natural del Cap de Creus depende de la conducta de los visitantes

06/09/2018

No se le escapa a nadie que la acción humana es la principal causante del cambio climático pero lo cierto es que el impacto de pequeños gestos también degrada el entorno más cercano.

Sacar una estrella de mar para hacerse un selfie o apelotonar un puñado de piedras en un espacio protegido no son acciones tan inocuas como podría parecer.

En el Alto Ampurdán hay cuatro espacios naturales de protección especial: el Paratge Natural de Interés Nacional de la Albera, al norte de la comarca; los parques naturales de los Aiguamolls del Empordà, parte del Montgrí, las Illes Medes y el Baix Ter y el Cap de Creus.

Este último espacio contiene una diversidad paisajística bien variada y fue creado y tipificado como parque natural el año 1998 para proteger la península del Cap de Creus y su entorno marino. Está segmentado en tres zonas con diferentes niveles de protección: la reserva natural integral, el parque natural de interés nacional y el parque natural. En total suman 13.843 hectáreas, de las cuales 10.780 son terrestres y 3.064 marinas.

El valor de este paisaje es múltiple; la geología, la flora y la fauna se abrazan en un entorno delicado que ha convertido en inspiración para artistas como Fages de Climent, Dalí, Foix y Pitxot. El megalitismo que se esconde es la cerecita de este entorno, que está custodiado por el equipo de profesionales del parque natural con su directora Victoria Riera al frente.

 

Flora y Fauna

La parte marina hay tres especies que acaparan la atención de los biólogos del parque. La nacra vive en las praderías de posidonia, he aquí la necesidad de regular el fondeo porque los barcos no destrocen el fondo marino y dejen el molusco sin hábitat. Más allá de la actividad humana, una enfermedad ha afectado la mayoría de ejemplares de la costa española y hoy día solo quedan ejemplares en el delta del Ebre y en el Cap de Creus, explica el biólogo y técnico del parque Gerard Carrión. También están protegidas las caracolas de mar, la población de la cual decreció porque “la gente se las llevaba y hasta las vendían”. Carrión aclara que cada vez la gente es más sensible hasta el punto que los pescadores cuando recogen alguna entre las redes las entregan a los patrones del parque que durante el verano vigilan la costa. El dátil de mar es otra especie protegida al haber muy pocos ejemplares.

En la parte terrestre hay once especies que están incluidas en el catálogo de flora amenazada de Cataluña con una especie endémica del parque (no se encuentra en ningún otro lugar del mundo): la Seseli farrenyi. Solo quedan de 250 a 300 ejemplares de esta pequeña planta ampurdanesa.

A lo que respecta a los animales, la niñeta es un caracol nombrado Mastigophallus rangianus que también es endémico. Los pájaros “destaca el águila cuabarrada”, explica el técnico, que dice que actualmente hay dos parejas en el parque.

 

Turistas en el parque

Los profesionales del parque explican que no obstante aún detectan conductas incívicas, la gran mayoría de visitantes tratan con respeto la natura. La gente que perturba el equilibrio del espacio natural lo hace con pequeños gestos que seguramente no saben que causan un daño. Apilar piedras, por ejemplo, es una costumbre que aislado no es perjudicial pero cuando decenas de visitantes hacen decenas de torres, la ecología del lugar se ve afectada, porque al cambiar una piedra de lugar se está cambiando el hábitat de las especies que viven. Otra práctica cuestionable es sacar estrellas de mar del agua ya que se mueren al cabo de pocos minutos. El técnico del parque Gerard Carrión explica que la tecnología ha facilitado que la gente pueda hacer fotos debajo del agua sin haberlas de sacar. No obstante esto, todas las redes sociales siguen siendo un gran escaparate de gente, cada vez menos, que pone en peligro una especie para poderse hacer una foto.

La presión más grande para las especies del parque, pero, son otros turistas: especies exóticas invasoras que ocupan el espacio vital de la flora autóctona del parque natural. Los incendios son una de las otras agresiones que sufre el parque natural de vez en cuando.

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